Richard Villalón comenzó muy niño a cantar en su país de origen, Perú, a los 13 años ya pertenecía al espectáculo serio, integrándose como actor en puestas escénicas atrevidas.

Su país convulso lo hizo partir a Holanda y luego de estudiar canto clásico en el Real Conservatorio de Música de Amsterdam, viajó mucho por Europa, se integró al movimiento de teatro expresionista alemán y a las primeras corrientes del teatro “happiness”. Trabajó intensamente, lo que le llevo a decir: “la técnica de actuar es inútil si no hay talento para vivir a tope”.
Regresó a su país para inaugurar la costumbre de cantar en teatros y centros de actividad política con un mensaje trasgresor, comprometido. Esto lo llevo a cargar siempre con la obligación estética de ser propositivo.

Grabó mucho en su país, emigró a México, lugar donde desarrolló una imagen de cantante total (su voz impresionante de contratenor lo ratifica). Doce años mexicanos le sirvieron para pedir más vida diaria, más encuentros con seres fantásticos.
Se enamoró, vino a Sevilla por amor,” a criar gallinas”. Se ha casado con un hombre. Ahora después de diez años de intensa calma y actividad disímil, vuelve a cantar.

Villalón es uno de los grandes hitos en la canción popular latinoamericana. Ha creado escuela con su forma de ser cantante y actor en un mismo espacio. Ha luchado mucho por ser independiente, ha crecido amando la música y el arte como un cuerpo total, un regalo para los que creen en una libertad extraña de existir.

Canta a los solitarios y a los solidarios. Su voz testifica alegrías, penas e ilusiones del hombre cotidiano. Dicen que es la voz más portentosa de Perú. En México lo califican de leyenda urbana Unos inclusive creen que se lo han imaginado. Otros aseguran que nunca ha existido.